7. Dios, Patria y Libertad

La Policía Internacional concluyó que pedía un rescate por un eventual secuestro de 2.000.000 de Euros, y se presentó en la casa de Lorena Benites para un interrogatorio. Lorena Benites pidió las credenciales, se las mostraron, dijo que bueno, que esperasen un momento que se cambiase de ropa, le dijo a su abuela que avisase a Myriam Chiriboga de que tuviese la metodología completa en diez días, y se fue sin despedirse, casi, afirmó la abuela llorando delante de las cámaras de televisión ‘y sin decir a dónde iba.’ Llegados a la Comisaría local, Lorena Benites fue puesta en manos de una Inspectora que le dijo de acompañarla y fue conducida a una sala un tanto destartalada, pero en sí, bastante cómoda, afirmaría después. Se presentaron unos individuos malcarados chapurreando un idioma muy grosero y pidieron de malas maneras a hablar con la presa. ‘Aquí no hay ninguna presa, señores, tenemos una sospechosa. Y hagan el favor de enviar una mujer, que aquí las mujeres no hablan con varones, y viceversa.’ Y fue entonces que les pidió la orden judicial. “Orden?” dijeron aquellos. Y hacían cómo si no entendían. Y decían tonterías del estilo, que no había desorden, por qué, y otras incoherencias. Porque además no se creía que fueran de Autoridad, y que seguramente las credenciales habían sido falsificadas, por lo que dio orden discreta de abrir un expediente y la correspondiente investigación, anotando sus nombres y apellidos y su dirección, permanente y de residencia en el país, números de teléfono y demás, y les dijo: “Ustedes hablan español y lo comprenden, señores?” “Sí,” contestaron aquellos. “Pues firmen el otro papel.” Y lo firmaron y constaba: “Que hablaban corrientemente el español como para comprender perfectamente y contestar debidamente si interrogados.” Y les dijo y escribió: “Abro expediente a los señores tales y cuales, si fuera por abuso de Autoridad por presentarse en éste lugar sin orden judicial, si fuera por espionaje y alta traición si se demostrase que habían entrado en el país sin el correspondiente permiso aprovechándose, ellos creyeran, de la supuestas ignorancias de las gentes, o por falsificación de documentos oficiales, en los tres cuales casos correspondiera ‘la pena capital’ por fusilamiento, en acatamiento de lo concerniente a las leyes de alta traición contra el estado, y entran bajo jurisdicción militar en los tres. (Y puso un poco más abajo: La ‘o’ es inclusiva.)” Y dijo: “Si quieren firman.” Y lo escribió. Poniendo, “he leído y comprendido y me acuerdo con ello en todo caso, sucediera lo que sucediera, valiéndome como pruebas fehacientes aquellas que para ello sirvieran en el Ecuador, DIOS PATRIA Y LIBERTAD” y firmó y ellos también, poniendo cada cual su número identificante. Dio parte y nota y se fue a ver a Lorena, y le dijo que había un embrollo, que unos malcarados o malparidos, no sé, se habían presentado de malas maneras y que por razones de seguridad, si estaba completamente de acuerdo y no le molestaba, mejor que se quedase. Y dijo que sí, sin firmar papel ninguno, puesto que afirmaría mas tarde “en el Ecuador todavía rige la palabra”, y se quedó profundamente dormida, con la cabeza reposando entre los brazos, sin haber comido ni bebido, durante trescientos cuarenta y un días, por lo menos. Y aquellos fueron fusilados, pues no tenían permiso de operar en el Ecuador, según se constató debidamente, haciendo firmar los correspondientes papeles a todas las Embajadas imaginables e inimaginables que no conocían ni se responsabilizaban de la muerte de esos individuos, ni tomaren medida ninguna para hacer lo que fuera en vistas a que fueran ayudados por medios legales u otros. Con todos los sellos y estampas. El Rey de España dijo, que por desgracia, el asunto no era de su incumbencia. 

Escribe un comentario