6. Donde se decidió, puesto que no se podía encontrar al culpable, de continuar con la historia para aclarar el punto de la hornilla con el Sr Quintana

Realmente tengo una imaginación increíble. Hasta el punto que me figuro que la esponja que buscaba hace un rato para limpiar el escaneador, que me parecía tan desaparecida que hasta utilicé un trapo para limpiarla, había reaparecido misteriosamente en un lugar tan visible que sería imposible que no la hubiese visto antes, y un extraño olor como a podrido que ya había detectado antes, como otro pareciendo cerveza, llamó mi atención y descubro un líquido viscoso de procedencia desconocida encima del lavadero, que voy a limpiar cuando se me ocurre que quizá sirva de prueba para la justicia, aunque de discreto modo, y que si hubiese entrado, solo por la ventana, lo que implicase que alguien abriese la ventana a mis espaldas estando yo con la espalda girada, y sin que me diese cuenta. Parece un anestésico, aunque evidentemente no me lo creo. Es que tengo una imaginación que da asco, aunque por si acaso avisaré a mi friend Sask, del Ejército de Contraespionaje Israelí, a ver si puede discretamente ampararse de la sustancia y hacer el correspondiente análisis, que nunca se sabe por los tiempos que corren. Seguro que viene, le fascinan esa cosas. Y aunque sea mentira, así aprovecha para tomarse un café. 

Bueno, tampoco hay que tomarse en serio las cosas que les gens se inventan para darle emoción a la cosa.  Así pasó aquel día, aunque no resuelva el asunto de las hornillas. Claro que éste es relativamente simple. El Sr Quintana se había quedado fascinado ante la perspectiva de encender un cigarrillo con la hornilla encendida, accidente ocurrido cuando ésta mañana me quedé sin fósforos ni encendedor, y estaba en plena producción literaria por lo que no quería salir a la calle y preocuparme de esos menesteres, por lo que dejé la hornilla encendida, para no gastar tiempo cada vez en encenderla. Me acerqué pues de la misma en su presencia, y éste dijo: “No se me habría ocurrido.” Lo cual me pareció lógico, pues las gentes tienen normalmente ocurrencias que provienen de sus organizaciones particulares, sabiendo con exactitud qué se debe hacer y qué no por no molestar las jerarquías ancestrales, según las cuales uno con el derecho de hacer tal o cual es quien se lo hubiera debidamente merecido y con pruebas fehacientes, de tal modo que no va a pasar la gente el tiempo teniendo ocurrencias que pudieran molestar los órdenes en cuestión. Y tampoco es necesidad de todo el mundo el deber haber pasado gran parte de la existencia en desiertos, montañas y lagos, sumergido en ríos con pajitas para respirar debajo del agua, levantando inmensas piedras, caminando a ciegas por laberintos boscosos, y otras muchas aventuras que obligan a encontrar respuesta en los lugares más incongruentes. Gracia tenía, empero, el que alguien me hubiese dicho que decían los hombres que las mujeres solo tenían tres hornillas en el lugar de las neuronas, y que alguien burlonamente hubiese dicho. “Esta solo una.” A lo que imaginándome en la situación de la mujer en cuestión, me representaba al Sr Quintana responder en la situación: “Pero por lo menos la tiene encendida.” Lo cual me hizo tanta gracia, que me eché a reír.  

Pero era en realidad ejemplar solamente en respuesta a su pregunta, de en qué realidad viviese, a lo que tenía que dar adecuada respuesta. Claro que yo hacía tiempo que no sabía en cual vivía él, por decir cualquier otro, o sea que esperaba respuesta yo también a mi cuestión, en su momento. En lo que me concernía, la respuesta me vino cuando me figuraba esta tarde después de haberme comido glotonamente una parrillada en el Centro Comercial de San Marino, y haberme cruzado de ojos y mirada con un conocido pakistaní, acusado de terrorismo y enloquecido, declarado finalmente inocente, sin que nadie se hubiese percatado de que no bastaba con la inocencia, pues ya no tenía nombre, y con qué cara, dijo, me presentara yo delante de mi madre, habiendo sido imposible rehacer su vida, pues cada intento frustrado precisamente por aquellas fuerzas y poderes que habían manejado los hilos para que así cayera, y él de buena familia y habiendo estudiado leyes en Cambridge. Y le había dicho por subrepticios modos que se acercara de éste lugar, ver si fuera posible hacer entender su voz entre otras, y debidamente se analizase la situación y se buscaran modos, pues habiendo lugares donde siendo tan alta la deshonra el volver con las manos vacías, que fuera su propia madre la que le dijera, que a su vida fin diera, por deshonrar la familia, (si se lo creyera), y dijo que no quería, pues a amar aún esperaba. Así que no había dicho exactamente quién era, por no levantar sospechas, solo su nombre con todos los tonos, y nada más. Mientras tanto Sask se planteaba la cuestión de saber cómo se trataba  a los Grandes de España, aunque fuera por atribución indebida, por intercesión o por carácter de esencia en espíritu, lo que queda por definir. 

Y yo me paseaba por el Centro Comercial, como decía, y pensaba si algún día me encontrara con alguien de la familia Checa, que por aquí abundan, aunque no tanto, y hasta tienen calle y consideración en Quito y hasta en Guayaquil aunque con mucha oposición encarnizada, y qué le diría. Así que bajaba las escalera mecánicas pensando en mi madre y en algo que pudiera llamarse un espíritu propio de la familia, y se me fue la cabeza a mi tía Maribel, y a Meyi, y profundamente ausente en mis meditaciones, dije, ya está, eso es lo que te enseñó tu madre: “Cuando piensas, si es que piensas … claro, los pensamientos se ordenan de manera concentrada como en un marco o tema, que tienen como un hilo conductor o principio, de tal modo que si la conciencia se centra sobre ello, uno se dice concentrado, y le molesta que le interrumpan. Pero de vez en cuando, hay un pensamiento inoportuno que se introduce en el marco. (Hay gente que eso no lo sabe.) (Y eso no se dice.) Si alguien se concentra después profundamente en todos esos pensamientos erráticos que han irrumpido así violentamente en las diferentes concentraciones, y respetando debidamente los marcos o temas, se vislumbra un nuevo tema o marco, con un principio propio, que se sitúa como en otro nivel de la realidad. Si alguien se queda entonces como fijada su atención en esa realidad, se va moviendo y andando en un mundo un tanto particular, cómo si no se rigiese por las leyes digamos normalmente establecidas. Fijándose pues en las cosas que nos suceden, nos dicen, decimos nosotros, sentimos, dentro de esa particular esfera, de nuevo se hace otro marco o tema, que a su vez tiene su principio, y ese principio es el que nos aclara sobre las faltas escondidas de otros, o las nuestras, o las peores intenciones, conteniendo en sí resortes muy variables para conseguir una vez claramente discernido el error en la convicción, modos que lleven a poder arrepentirse y así matar el dolor o la pena o el sufrir, e incluso miles de enfermedades (aunque ello solo sea relativamente cierto), o, si de otros se tratara, de conseguir que confiesen o que paguen en su peso medido el dolor causado por otros por todos los medios, fueran de justicia, fueran de oscuros poderes. Y esto por el procedimiento, inserta Cambridge con la ayuda de mi amigo, de observar la coincidencia extraña entre un pensamiento o sentir y una situación, haciéndose la síntesis del principio, no según marcos o temas delimitados, fueran por el discernimiento de los diferentes niveles de la realidad, sino saltándose los marcos o temas precisamente en una de las membranas o grupos fundamentales y normalmente inalterables y esenciales casi a la biología, uniendo de manera inequívoca la realidad empírica, cual proviene por los sentidos, con la realidad espiritual, de la que surge el pensamiento, en un choque convulsivo (llamado también iluminación o chispa según los casos, nos comunican desde la Casa Real Española), que produce al cabo de cierto tiempo un poso que se hace como una historia o cuento del que emana la sabiduría y el saber estar. Y luego hay que volver a la realidad común teniendo mucho miedo de no hacer ninguna perrería o dejarse hacer y tener que pasarse tanto tiempo buscando el remedio a la enfermedad, cuando se puede — dijo Maribel.” Fíjate, pensé, yo me he pasado toda la vida haciendo principios de esos del otro mundo para meterlos en éste mundo, y se me olvidó meterme a mi misma, y hasta hacer el principio de cómo se metía uno en el mismo, o de cómo era. Nunca es tarde cuando la dicha es buena. Porque para entrar en el mundo hace falta alguien que nos ampare, para saber donde vamos. ¿Dónde vamos? No, hacia dónde vamos, el lugar hacia el que vamos, si no dónde nos colocamos, de quién nos rodeamos, a qué costumbres nos sometemos, con quién en definitiva hacemos vida. Ya, me dije, mi madre dijo cuando era chica, “que ésta, que se las componga sola, que es muy inteligente.” Y yo siempre me creía lo que me decía mi madre, aunque fuera otro quien me lo repitiese, y entonces no sabía como componer sola semejante situación. Y justo en ese momento vislumbré una señora de unos 60 años, como con aura, y me dije “Podría ser una Checa ésta mujer,” y me la quedé mirando. Luego sospeché que la había mandado la Jefa del Protocolo, que en mi imaginación estaba haciendo profundas investigaciones sobre mi naturaleza exacta, no sabiendo ya si decirme extraterrestre, espía, o cualquier otra cosa, fuere ya la que fuere, aunque fuere Grande de España, por poner un título desmesurado a lo que ya no tenía nombre. Lo que dio la siguiente situación imaginaria: que ella llamase a España presentándose en algún Ministerio como Jefa del protocolo, y que se hubiesen preguntado en ese lugar, que a quién tuviesen que dirigirla y tras muchas deliberaciones y gastos para el correspondiente Ministerio hubiesen conseguido configurar la posibilidad que se tratase de la Casa Real con la que quería comunicarse, pudiendo retranscribirse los múltiples intentos de la manera siguiente:  

E (por España), Ec (por Ecuador) (Entre comillas los sobreentendidos.) Ec: (Aquí la Jefa de Protocolo.) Estoy haciendo una investigación sobre una persona que se encuentra aquí.E: Española?Ec: Sí, según nuestro derecho. (Tú, reniega de padre.)E: De dónde llama? Ec: Del Ministerio de Relaciones Exteriores de Guayaquil.E: Es un país?Ec: Con cocos, sí.E: Y usted?Ec: Casi Embajadora.(Se hacen muchas deliberaciones)E (de nuevo): Es usted Jefe de Protocolo?Ec: Jefa, si acaso, con mucho protocolo.E: Es con la Casa Real que se debe comunicar.Ec: Es el Rey quién se ocupa de éstos asuntos. Es un Estado recién formado, no?E: Recién, recién, quizá no, pero bueno, sí (si es eso lo que hay que decir).Ec: Comuníquese con ese número y pregunte por el Jefe de Protocolo de la Casa Real.E: Y después qué digo?Ec: Qué está haciendo una investigación.(Llama a la Casa Real).E: Casa Real.Ec (Y ahora yo que digo. Tampoco voy a preguntar por el rey). El Jefe de Protocolo.E: Su nombre.Ec: Isabel Valdez de Escala.E: País.Ec: El Ecuador.E: Razón?Ec: Una investigación.(Un momento.)E: El Jefe de Protocolo.Ec: (Ahora digo lo mismo? Bueno.) Su nombre.E: Pedro Valdez.Ec: País? E: España.Ec: Razón?E: Dar respuesta. Exponga.Ec: Tenemos a alguien que dice ser de la familia Checa. Ustedes tienen antecedentes?E: Grande?Ec: (De talla.) Sí, bastante. (Ahora me preguntan el número que calza y no lo sé).E: Su nombre? Ec: De su madre. Marina.E: De madre?Ec: Molina.E: Algo hay. Ahora le paso.E: Sí.Ec: Ya no sé qué decir. Se me ha acabado el protocolo, perdón el tiempo permitido y autorizado. Si pueden llámenme  éste número.E: Hay alguien en peligro.(Se corta la llamada.) 

Y otras situaciones relativas, que mencionase en otro momento. Hablando por cierto de Cambridge, se me ocurre precisamente otra historia, de esas que ocurren casi todos los días en éste lugar, y es que precisamente cuando la tensión es muy alta, y como tenía la citación al día siguiente y quería debidamente presentarme con la consiguiente argumentación y prestancia, elucubrando en mi inconsciente todas las trampas en las que pudiera caer, o en las que pudiera eventualmente caer el adversario, pues es siempre bueno tender la mano, aunque sea de discretos modos, me configuro múltiples historias que a veces tienen algo que ver y otras no, y unas veces sirven para cegar mis ojos ante evidencias y otras para resaltarlas, unas para mantener el tono, y si hiciera falta para obtener la arrogancia de negar pruebas pareciendo infalibles hasta que me dejara el tiempo de comprender su consistencia y valor. Así que me imaginé a mi amiga Patricia Iturralde, a la sazón abogado, intentando resolver el problema de saber si alguien tenía el derecho de escribir en un idioma que no fuera el suyo materno, pues precisamente estando intentando saber si podía poner mis haberes bajo alguna protección ya que los literatos en ésta tierra gozando de harto privilegio y debido a que se hubiese dado a saber que el ordenador con el que trabajaba había sido la víctima de un ataque viral bastante violento, sin que nadie hubiese surgido para reparar el daño, es de derecho que sean debidamente protegidos todos los escritos y producciones del mismo, por el propio Estado. Así que aquella preguntó que qué requisitos hubiere para decirse alguien literato. Y le contestaron en algún recodo de algún misterioso lugar, dónde estas gentes siempre llegan cuando llorando deben resolver algún enigma para poder lavar el nombre de la familia, por algún pecado en que incurriesen, que debía ser alguien que hubiese publicado ya algo en ésta tierra, por sus propios medios y sin ayuda de nadie, fuera tan siquiera una producción del más mínimo tamaño, aunque tuviese tirada, y en diversidad, al menos cinco, y otra obra publicada en otro lugar en su materno idioma, fuera en periódico u otro, por remuneración o sin ella, pues escribe quien puede. ¿Que si un elucubrio era una creación?, preguntó aquella. Un qué? Y se quedó pensando. Un logo o un lema, vamos. Un elucubrio es un lema, pensó aquel, perplejo. Y aunque sea extranjero? Hasta el himno nacional de Córcega nos viene, señorita, en lo que es de la música. Siempre anda huyendo alguien por algún motivo. O sea que se plantearon diversas cuestiones, y algunos se quedaron reflexionando sobre lo que era un logo, o un lema, o si ‘elucubrio’ era buen lema, y qué era eso de la materna lengua.  

Se dieron muchas vueltas, cada cual en su propio tertulio y haciendo las pertinentes investigaciones, y se llegó a la consiguiente conclusión: que un logo era algo moderno que no se sabía muy bien a lo que correspondía, que venía del griego ‘logos’ que significaba palabra, pero que se utilizaba extrañamente para toda suerte de imágenes o simbolitos atribuidos, sin que se pudiera discernir exactamente de qué manera se ligaba la imagen, a la empresa que lo utilizaba, siendo castigado por miles de leyes internacionales y nacionales, si fuera el caso, por pertenecer en su uso exclusivamente a la empresa que lo hubiese patentado, y patentar solo se patentan las invenciones, por lo que fuera una invención y no una creación, bien considerado. En lo que concerniese el lema, fuere una palabra o frase con mucho sentido intrínseco perteneciendo a una familia y que se respetaba de por sí, sin que nadie se atreviese a utilizarlo sin merecerse el consiguiente castigo, pues significando un compendio de muchos tomos de sabiduría que nadie podía imitar así de cualquier manera, siendo permitido el uso de lema, y eventualmente de escudo, solo a aquellos que pudiesen demostrar de modo convincente, que estaban en la medida de debidamente protegerlo de por si mismos y sin hacer uso de la Autoridad en ningún caso. Lo cual en muchos casos tenía como consecuencia la muerte súbita de alguno, que sirviese como ejemplo, y solo en esos casos se consideraba de Grande, debiéndose probar que no había habido intervención de mano extranjera alguna, ni propia, mas solo por la fuerza de la fé en su nombre que se hubiese causado la muerte, como quien le parte un rayo. Y se perdían los nombres porque nadie sabía protegerlos y se extinguían con sorna, sino con sarna. Y pocos prevalecían. Por lo de ‘elucubrio’ como lema, bien sirviese para el colegio, dijo Jimmy Cevallos, riendo, aunque no sepamos lo que signifique ‘elucubrio’ exactamente, o precisamente por ello. Y finalmente se llamó ayuda de Cataluña que dio una pista diciendo que era no era elucubrio, sino elucubración. Y elucubración se figuraban, como una especie de enigma resuelto si se podía con mucho esfuerzo, no, era precisamente el esfuerzo de resolver un enigma de ciertas maneras. Y qué fuera un enigma? Dijo la Sra Muñoz, ya mucho más satisfecha. Pues un algo que no se conociera, pero no desconocido, algo que se tuviera que sacarse de uno mismo, aunque fuera con la ayuda de otros, como precisamente el significado profundo de un lema, que debe ser propio y concretizarse en un historia cuyo mecanismo se haya elucidado en suficiencia como para poder reproducir la misma situación aunque fuera en contextos distintos, y corresponder en identidad a uno mismo, siendo el enigma el más largo entender de lo mismo, pero conllevando la misma noción, para todo aquello que suscitase el interés o la curiosidad propios a despertar el mismo anhelo en vistas a obtener una solución parecida o semejante a la anterior mencionada. 

Elucubrio pareciendo entonces una derivación de lo mismo, se empezó buscando si fuera de un modo regional o familiar u otro, llegándose finalmente a la conclusión de que fuere un particularismo de ciertas gentes del Ecuador, teniendo todos en común nada más que el hecho de enviar a sus hijos al mismo colegio o los mismos hijos. Se preguntó que de dónde había salido en particular semejante ‘uso’, puesto que parecía relativamente frecuente, y no parecía ligado, si viniese de los chiquillos, a ningún bar o discoteca u otro lugar de mal vivir, ni nada relacionado como un club de tenis o semejantes. Se empezó vagamente a discernir que la primera a utilizar semejante palabrio había sido la profesora Lorena Benites, que dijo sin ningún recato que la había escuchado de su profesora de alemán, y así, interviuvada por la misma BBC de Londres, había afirmado que pensó era de uso corriente en España o Colombia, que no sabía muy bien, y que le había gustado mucho para el hablar con los niños, y progresivamente se le había ocurrido ponerle la terminación a otras palabras, y habían surgido como de la nada palabrios, murios, dibujios, y otras parecidas, pero que algunas iban y otras no iban, y que a nadie, pero a nadie se le había ocurrido jamás decir soios por sol, o lunios, la primera porque nadie la asociaría y la segunda porque era femenina. (La interviuvadora se había quedado un poco perpleja ante el hecho de que asociase espontáneamente la luna a lo femenino, porque en inglés no hay géneros, y era de tan alto, tan alto alcurnio la mujer que le habían prohibido el contacto, no fuese que visual con un idioma extranjero para mantener lo intrínseco de lo inglés, y se había quedado en ello, pasando por una inculta profunda en éstas tierras, alegando aquestos, que bien valiera que no hablase el español, pero que en francés hay géneros también y por lo menos un poquitillo un poquitillo de otro idioma podían haberle enseñado en su país, cual fuere, ‘porque semejante idiomio o acentio tan extraño no lo he oído en mi vida’, había apuntado Pamela Hernández. Evidentemente la misma no se creyó ni un momento que la profesora de alemán hubiese inventando el sistimio — (siempre hay excepciones, dijo Laura Quintana, aunque siempre me confunda con los nombres) — y que qué inteligencios eran estos persons que escondían de tan sofisticadas maneras a los autores de los inventios y sistimios, que de puro entusiasmo había alertado inmediatamente a los BBC y le habían sacado el interview en directo desde claro, había dicho ella, ‘otro lugar del mundo’, another place of the world, que se entiende de muchas maneras.) Ella misma había hecho muchas researches posteriormente, trabajo que era seguido en vivo y en directo por las cámaras inglesas, y había obtenido la información de que una tal Myriam Chiriboga se había presentado en el Colegio Americano aduciendo tener un methodios extraordinario para que los niños se concentrasen y aprendiesen, y que si lo querían introducir allí, que ella tenía ganas de cambiar de puesto. Le preguntó la Directora del Zinder que entendía muy bien que no quisiese seguir trabajando en ese Colegio, alegando causas personales y traumas de infancia, sin darle excesivo tono, y que esperaba que el methodios no fuera del Colegio pues tenía muy mala reputación y que lo supiese, a lo que Myriam Chiriboga dijo que no, que era de una profesora de alemán que había llegado de España. Lo cual perplejeó lo suficiente a la Directora como para que se inquiriese discretamente y poniendo a la misma en confianza, dijo que tenía los oídos abiertos, lo cual inquietó lo suficiente a Myriam Chiriboga como para preguntarse donde había aprendido semejante expresión, mas perdiendo la concentración, y le dijo sin más, que había que poner la terminación ‘ios’ en ciertas palabras buscando un tono cuya asociación pareciera a la noción que surge cuando alguien dice ‘padre’. Cuando todavía hay padres, insertó, un tanto amarga. Y da resultado?; preguntó la otra extrañada. “No sé qué entenderá por resultado, pero una compañera descubrió que su hija chiquita se ponía muy contenta cuando le hablaba así y parecía mas concentrada, y pregunté a otras compañeras si no podían hacer lo mismo, ver si era un accidente o algo recurrente, y las demás habían observado lo mismo, por lo que había generalizado el modo, pidiendo el debido permiso a la Directora, que si le importaba que las profesoras hicieran semejante cosa, que se lo había dado.” La Directora se quedó tan patidifusa que entregó unos folletos publicitarios del Colegio a Myriam Chiriboga, quien poniendo cara de ausencia, salió del Colegio como si hubiese cometido un crimen de guerra o parecido, pareciendo que se escondiese arrimada al muro y como quien roza con los ojos el suelo, dijo después Fátima Sierra, gerente de Futurekids, que se la había encontrado por casualidad, y asombrada de verla con unos papeles pegados al pecho, le había casi arrancado los mismos de las manos, diciéndole: “Ah, vienes del Colegio Americano.” E hizo como si fuera el caso. La Directora del Colegio americano se había quedado tan allá, que apenas se pudo preguntar quién se había inventado semejante cosa, y menos pudo preguntar si en inglés también funcionaba, pero decidió hacer una prueba durante unos días, y ella misma iba a una clase y decía lo que se le ocurría de esas maneras. Y al cabo de muy poco tiempo vio que los chiquillos cambiaban obviamente de actitud, por lo que concluyó inmediatamente que los niños, contrariamente a lo que todos pensaban, eran mucho más inteligentes que las niñas que seguían con interés sin aventurarse sin embargo por tales territorios. También se puso a hacer investigaciones y tuvo incluso la idea de enviar a la inglesa que sería por lo menos una Duchess of Marlborough, y de las pocas que quedan a hablar con Myriam Chiriboga a ver de dónde había sacado eso exactamente, aunque la inglesa se negó diciendo que el hecho de constatar semejantes diferencias en los géneros podía tener graves consecuencias sociopolíticas y culturales internacionales, e insinuó que mejorase el método debidamente para permitir aparentar al menos un progreso similar, o parecido, en las chiquillas.  

Así que la directora se acercó subrepticiamente de alguna profesora, no fuese que la acusasen de espionaje, e indagó, ¿Que qué se hacía con la otra mitad? Esta, completamente alucinada, dijo: “Pues cada uno lo que entiende, naturalmente. En fin, dentro de los límites de la decencia, claro.” Dijo después, y fue horrorizada inmediatamente a Myriam Chiriboga, a decirle que qué teorías sexuales enseñaban en el Colegio Americano. Mas esta escuchando lo que contaba, no entendía lo que quería decir, bueno, dijo, una mitad, y pues. “Pues, una media naranja, claro.” La claridad no resaltaba para nada para Myriam Chiriboga, quien lejos de concluir que estaba chiflada Iana Treviño, pensó que a lo mejor le estaba comunicando un mensaje de transacción del Colegio Americano, según los antiguos modos, e informó sibilinamente a Lorena Benites, que a su vez se lo dijo a Pía Andino, que hicieran el favor de elucidar el enigmio, que no entendía nada. Pía Andino se tomó muy en serio el reto y se quedó pensando. De lo uno a lo otro, que si Pía era de pío que no es el piar de los pájaros, puesto que se empieza por uno mismo, que es el último al que llegó, y Andino de los Andes, que son montañas altas que cruzan el Continente americano, hasta cierto punto, y en vertical, y luego Iana, que no sabía, y Treviño, decían que era gallego, de los que se burlaban los argentinos porque decían “que las meigas, haberlas haylas”, y después Myriam que era otro nombre de la Virgen, que era María, y Meriem en turco, y Chiriboga que parecía indígena aunque no sabía exactamente, hacían un grupo por un lado. Y  ya lo había confundido todo, porque Iana era la tercera, y no la segunda, y entonces Iana, que bueno llana, porque es llano, que es sencillo, pero también el llano, como ‘fruits of the looms’, y las camisetas, porque las looms son las lomas, que no son los llanos, que no son los lomos, o lomillos o solomillos, que se decía (Sedecías era un profeta o alguien mencionado, porque seducía?), en las lomas altas sacrificáis a los falsos dioses, hacéis orgías, oye, que yo no he hecho nada, pues otros, y seguro?, y yo cómo he llegado aquí, pues vaya poca gracia, pero bueno, sigamos, treviño de tres vinos o que vino tres veces, pero si fue solo una, bueno, da igual, y habló con la directora, que no tiene nombre. Y dijo: que qué se hacía con la otra mitad?? Pues lámparen, suelen, carreteren, está más claro que el agua, pero que paguen. Y fue y le dijo su elucubrio a Lorena que se quedó altamente sorprendida delante de semejante inteligentísima y evidente respuesta, y se la comunicó a Myriam Chiriboga, que parecía tener sus dudas, y no sabía que partido tomar. Pues ve al Colegio Americano y di, que tenemos la otra mitad pero que paguen. Y fue Lorena, estando muy convencida de que era razón suficiente para moverse en esa dirección el que hubiese dicho Myriam Chiriboga “que es que habla medio inglés y no la entiendo”, a lo que había respondido Lorena, que sería francesa, sin que jamás pero jamás comprendiera cómo había llegado a semejante conclusión. Lorena se plantó con cara de gran decisión y habiendo pedido audiencia y respetando todas las leyes del protocolo y debidamente indumentada para la ocasión, se presentó delante de la directora y le dijo lo siguiente con tono tajante: “Que tenemos la otra mitad, pero que paguen.” La policía internacional, que guardaba los lugares pues se trataba de otro miembro de distinguida familia francesa, huida de Francia por razón de la constante persecución de la prensa y demás locales, a la que se temía, por lo que se observaban los derredores, pensó inmediatamente y sin dudar, que se trataba de un chantaje en el que querían involucrar a la joven, Marqueses de Chantilly, por lo del chantaje probablemente o de la crema, por lo de la flor de la crema que es la crème de la crème en francés y se precipitaron a la oficina, al mayorcísimo sobresalto de la misma, que no estaba al corriente, y dijo de manera congelada: “Vous sortez d’ici, immédiatement.” Como si fueran perros, apuntó Lorena más tarde, y debe ser alguien, a mi se me barrunta algo. No sé quienes serían pero mostraron unas credenciales que aquella ni siquiera miró y se echó a llorar, desconsoladamente. Nada la cogí, le dije, no te preocupes mujer, que no pasa nada, ya se han ido. Sí, se puso bien, y me dio las gracias, en inglés, como quien tiene mucha vergüenza, y cambió de aires inmediatamente y de tema y me dijo, que bueno, que cuanto queríamos. “Había simplemente venido a avisar de que habíamos resuelto el misterio, y que bueno, por esas cosas no se paga, pero … (y pensaba ahora que digo, fíjate ni se me había ocurrido, y si digo alguna tontería) haga usted una propuesta.” “Por todo el método?” preguntó aquella. “Sí.” Calculó brevemente y dijo 2.000.000. Sí? Lorena pensó que sería en liras colombianas, puso cara de que hiciera el favor de dejar de tomarle el pelo, lo cual pareció satisfacer extraordinariamente a la otra, como si hubiera acertado en la valoración, y respondió que evidentemente. La Directora dijo que hiciera el favor de enviar la metodología completa con puntos y comas y dibujitos, ‘ya sabe usted’, ‘sí, claro’. De unas treinta páginas y debidamente documentado y con el permiso del autor del método y que no se preocupase. En unos diez días, contestó Lorena, se despidió un tanto mareada y se dijo que aunque fuese mentira le había encantado la conversación. 

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